De norte a sur y de este a oeste, la gastronomía italiana, popular en todo el mundo, supone un placer para los sentidos. A sus ya conocidos espaguetis y pizzas, el visitante puede saborear unos quesos, carnes y vinos de primera, así como una gran variedad de platos elaborados con verduras y risotto, por ejemplo. El aceite de la Toscana y los embutidos también son excelentes.

Gastronomia italiana

La cocina italiana, célebre en todo el mundo, no sólo está conformada por sus populares pizzas y espaguetis, los dos típicos platos más famosos del planeta. La gastronomía de este país, rica y muy variada, propone una extensa gama de platos propios regionales: El risotto y la polenta son dos de ellos que, a lo largo de los siglos, han constituido la base de la alimentación en regiones como el Piamonte, la Lombardía o el Véneto.

En la cocina italiana coexisten los abundantes aromas y los sabores del Mediterráneo. Ya es de por sí una razón de peso para preparar las maletas y emprender un viaje al país, recorrerlo de norte a sur, degustando sus mejores materias primas y platos elaborados. Aunque el turista, nada más pisar suelo italiano, ya tiene en mente acudir a un restaurante, bar o pizzería para saborear sus ricas porciones, panini, focaccias y diversos tipos de pasta; eso sí, si es posible al dente. En Italia, ni el arroz ni la pasta se sirven como acompañamiento de la carne, sino que constituyen un plato aparte.

el turista, nada más pisar suelo italiano, ya tiene en mente acudir a un restaurante, bar o pizzería para saborear sus ricas porciones, panini, focaccias y tipos diversos de pasta; eso sí, si es posible al dente

En Roma y en el Lacio se come cordero asado (abbachio), la ternera en escalope enrollado en jamón (saltimbocca), los gnocchi a la mantequilla y a la parmesana (alla romana), las pastas acompañadas de tripas (pasta alla pajata) o los calabacines rellenos (fiori di zucca). Los platos y ensaladas se sazonan con aceite de oliva de Toscana, famoso en todo el mundo. El fontina y la mantequilla son los ingredientes de la fonduta, plato típico del valle de Aosta. La cocina piamontesa es popular por sus excelentes entremeses, que van de las flores de calabacín fritas al arroz con ternera a la mantequilla.

En Lombardía, los platos más típicos son el arroz amarillo al azafrán y el escalope a la milanesa. La Emilia-Romagna dispone de una cocina muy sabrosa: Los tagliatelle se convierten en un plato fuerte cuando va acomoapañado de una salsa ragú, a base de carne. De sobras conocido es el famoso queso parmesano y su prosciutto. En el Trentino-Alto Adigio muchas especialidades culinarias se relacionan con el Tirol con los canederli, los knoedel, el gulasch o el choucrout. En Liguria, el Mediterráneo deja su huella en los fogones con producos como el aceite, el pescado, la albahaca y el romero. Su mejor plato es las trofie al pesto. En la Toscana y en Umbría se utilizan el aceite y las verduras para preparar sabrosas sopas. En Florencia hay que probar la ribollita, hecho con col lombarda y judías, el conejo a las olivas y el steack alla fiorentina.

En la zona del Adriático el pescado fresco es la materia prima más destacada, con la que se elabora la sopa conocida como brodetto. La gastronomía de los Abruzos, perfumada con aceite de oliva y azafrán, se distingue por una carne sabrosa y embutidos elaborados en las zonas montañosas. Ajo, hinojo y cebolla aromatizan la pasta de la región de la Apulia: trocolli, chiancarelle, fenescecchie u orechiette. En Foggia se saborea uno de los mejores salchichones del país. La cocina calabresa pone la berenjena y los quesos en lugar preferente, sobre todo la mozzarella, hecha con leche de búfala. Al sur, en la Campania, Nápoles es la patria indiscutible de la pizza, que los puristas sólo degustan cubierta de tomates y condimentada con rúcula. La costa amalfitana aporta a diario con qué preparar sabrosas parrilladas de doradas, calamares y anguilas.

Por lo que se refiere a las bebidas, el vino es el rey. Tinto o blanco, cada región tiene su caldo propio: Barolo y dolcetto en el Piamonte, lambrusco y sangiovese en la Emilia, ribolla en el Friuli, chianti y brunello en Toscana o frascati en el Lacio. Si hablamos de licores, no hay que olvidar los célebres limoncello, grappa o amareto.

El viajero encuentra un turismo estrechamente ligado a la gastronomía, de forma sencilla como lo es la idiosincrasia del pueblo italiano, es fácil encontrar una abundante oferta de hoteles en Italia, pensiones familiares, hostales con encanto, residencias históricas o turismo rural a diferentes precios que incluyen sus platos. Muchos de los hoteles, y en una proporción más alta que en otros países del mundo, incluyen restaurantes afamados y completan su servicio con las delicias que allí, ofrecen.

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