Fast food en New York
Un puesto de fast food en Nueva York

La mayoría entendemos que la comida rápida o fast food si se consume en exceso está asociada a una dieta poco saludable. Sin embargo, encontramos lugares por todas partes el mundo, y como buenos viajeros nos adaptamos a lo que tenemos por delante, que nos permiten disfrutar de un bocadillo al paso. Y nada mejor que New York, la meca de la comida chatarra, donde se mezclan culturas y cocinas que han creado nuevas y complejas tendencias gastronómicas.

Trasiego, prisa, ritmo, tráfico, ruidos industriales, la información en pantallas gigantes está en las calles, todo lleno de luz, letreros e información y en tu cabeza ves como ahora son realidad las imágenes de las películas… esas de los taxis amarillos, los policías y la Estatua de la Libertad, el lugar donde nació el Fast Food.

Pero claro, Fast Food a la neoyorkina, vasto, variado y sabroso, gastronomía nacida de la fusión e integración racial y multicultural y con esa cosa tan antigua como comer en la calle, algo que en muchas culturas es muy normal, pero llevado al límite… O pequeños locales donde se come de prisa y de pie en una ciudad que no duerme y la prisa es la consigna, esa que obliga a comer de pie o mientras caminas, sentado en una banca o un peldaño. O muy cómodo en sus múltiples cafeterías y restaurantes, esos con esos decorados tan peculiares… tan de las películas… y siempre abiertos… Nunca dejarás de encontrar lugares para comer en la Gran Manzana y abiertos a cualquier hora del día.

Fast Food en Nueva York, veamos el menú

Grandes, jugosas y muy, pero muy sabrosas, las hamburguesas en Nueva York son gordas y con un sabor que llena tu paladar de placer y sin tener que recurrir a la mostaza y el ketchup, sólo con una rodaja de tomate y unas hojas de lechuga, todo encerrado en dos mitades de un plan blanco caliente y aromático.

Fast Food no sólo quiere decir colesterol y grasas, por lo menos en Nueva York, encontrarás ensaladas de todo tipo, ingredientes, colores y sabores, todas ellas frescas, deliciosas, inacabables y en muchos formatos diferentes, lo mismo que sus presentaciones y aderezos.

Por supuesto, no podemos olvidar los Hot Dogs, un auténtico clásico de la gastronomía neoyorkina. Siempre al alcance en cualquiera de los muchos puestos callejeros que por poco dinero te dan el Hot Dog en una mano, la gaseosa cola en la otra y hay que comerlo como los lugareños, de pie y en tres bocados.

El aporte de oriente también se puede degustar en Nueva York, el Kebab, esos gordos trozos de carne que se cortan de una especie de parrilla giratoria en que la carne se ha asado lentamente y se encierra en un sabroso sobre de pan Pita.

Continuando con los aportes de oriente, tenemos los Falafels, las mini croquetas de verduras que trajeron los judíos emigrantes a América y que se han integrado en el menú de una ciudad. Las mejores, con seguridad las de los puestos callejeros de Broadway.

Y continuando con aportes de los inmigrantes que han tejido el alma de esta ciudad -porque de Nueva York no es nadie-; o casi nadie, están los Gyros, la versión griega del turco Kebab. Mismo principio, pero con un sabor más suave y los mejores, por supuesto en la calle, en los puestos del Soho… Ideales para disfrutarlos en medio de una caminata nocturna por el barrio.

También tenemos a la "donna" de la gastronomía neoyorkina, con sabor a la lujuriosa Bela Italia y un regustillo a gangster. La Pizza en Nueva York es una institución y encuentras miles de lugares de todos los tamaños, formas y precios, pero todos ellos con la pizza como estrella… Toda una experiencia para el paladar.

¿Y qué decir de los Tacos?, el aporte de México a la gastronomía multicultural de Nueva York y posiblemente identificada como orgullosa representante de todos los latinos que han hecho de los Estados Unidos su hogar y su lucha diaria. Los Tacos; tortillas de maíz que se deshacen suavemente en la boca, para luego inundarse del placer de sentir el sabor de sus jugosos ingredientes en los miles de puestos callejeros que hay por toda la ciudad.

Y para acabar, el postre perfecto y no sólo eso, también están maravillosos al desayuno con sus miles de sabores y rellenos de todo tipo, cuyo complemento perfecto es el café, enorme, largo y servido en vasos gigantes; no tiene nada que ver con el espresso italiano, corto y fuerte. Nueva York en sabores..., una delicia multicultural.

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